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Si tu teckel llora cuando alguien se queda atrás, está contando cabezas

Teckel de pelo duro con arnés cruzando una pasarela de madera detrás de su dueño

Un paseo con amigas, de esos que se alargan y en los que la fila se estira sola.

Lo primero que oí fue un llanto agudo, y tardé un momento en entender que salía de Trufa. Estaba plantada en mitad del camino, con las patas clavadas en la tierra y la cabeza vuelta hacia atrás, soltando un gemido que encoge el estómago antes de saber qué pasa. Yo busqué una espina, un cristal, algo en la pata.

No había nada de eso. Lo que había era una amiga que se había quedado unos metros por detrás del resto, perfectamente bien, sin prisa, mientras las de delante seguíamos con la conversación. Nadie la echaba de menos. Nadie salvo Trufa.

Una teckel protectora que pasa lista sin que nadie se lo pida

Llevaba un rato haciendo algo en lo que yo no me había fijado. Iba del principio de la fila al final y del final al principio, con ese trote corto y atareado de quien tiene un encargo. Comprobaba. Cuando las cuentas dejaron de salirle, frenó en seco.

No ladró, y eso fue lo que más me descolocó. Lloraba, que suena muchísimo peor. Quería volver atrás a buscarla: tiraba hacia el camino que ya habíamos hecho, me miraba, volvía a mirar hacia atrás y seguía con el lamento, con una insistencia que no dejaba ningún margen para negociar.

No hubo manera de seguir, y durante un rato el paseo entero estuvo a las órdenes de una perra de patas cortas convencida de que habíamos perdido a alguien.

Cuando la amiga llegó a nuestra altura y el grupo volvió a estar completo, a Trufa se le pasó todo de golpe. Ni un gemido más. Siguió andando tan tranquila, como quien ha fichado a la salida y da la jornada por cerrada.

El plot twist de una perra de caza

Antes de tenerla había leído mucho sobre la raza. Sabía que al teckel lo seleccionaron para meterse en madrigueras y que arrastra fama de independiente, de perro que va a lo suyo y te consulta lo justo. Con eso contaba. Con lo que no contaba era con encontrarme a una monitora de campamento que no se fía de nadie para contar cabezas.

Desde aquel día, en los paseos con más gente, la miro de otra manera. La veo adelantarse, quedarse rezagada, volver a ponerse en cabeza, siempre con un ojo en quien va última. Nadie le ha dado ese trabajo y nadie se lo paga, pero lo hace con una seriedad que ya quisieran muchos turnos de noche.

Y yo, que llegué a esta raza preparada para lidiar con la testarudez, todavía me estoy acostumbrando a que la que vigila que no se pierda nadie sea ella.

La versión de Trufa: Salimos cinco, volvemos cinco. Si eso os parece drama, contad vosotras.

Si tu teckel también pasa lista en los paseos:
– Valiente, testaruda y pendiente de los suyos: el carácter del teckel
– Lo que pasa cuando la que se queda atrás eres tú: ansiedad por separación

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