El primer día que llevé a Trufa al veterinario tenía cuatro meses y yo llevaba menos de uno con ella.
Entre las cosas que me dijo aquel señor mayor estaba esta: que no debía dejar que Trufa subiera y bajara escaleras con frecuencia, que su espalda era vulnerable de una forma específica que requería precauciones desde el primer día, que había una enfermedad llamada IVDD que afectaba a uno de cada cuatro teckels a lo largo de su vida.
Salí de la consulta con Trufa bajo el brazo y con la sensación de quien acaba de recibir información enormemente útil con tres semanas de retraso. Porque vivía en una casa. Con escaleras. Muchas.
Si estás leyendo esto antes de tener a tu teckel, o antes de que haya pasado nada, estás en el mejor momento posible para leerlo. La IVDD en el teckel es de esas cosas que conviene entender cuando todavía no hay urgencia, porque cuando hay urgencia ya no hay tiempo de entenderlas.
Qué es la hernia discal (IVDD) y por qué el teckel la protagoniza
La enfermedad del disco intervertebral —IVDD, por sus siglas en inglés— es el problema de salud más específico y más serio de la raza. No la única, pero sí la que más dueños descubren tarde y la que más directamente está relacionada con el diseño físico del animal.
Para entenderla hay que entender primero qué son los discos intervertebrales: los amortiguadores de gelatina y fibra que separan cada par de vértebras y absorben los impactos del movimiento cotidiano. En un perro de proporciones normales, esos discos trabajan de forma razonablemente equilibrada.
En el teckel, con una columna que es aproximadamente el doble de larga de lo que sus patas justificarían, trabajan más y bajo condiciones que no favorecen su longevidad.
El teckel pertenece a las razas condrodistróficas —la misma familia que el bulldog o el basset hound—, lo que significa que sus discos intervertebrales tienen una composición diferente a la de la mayoría de los perros. En vez de mantenerse gelatinosos y flexibles durante años, tienden a calcificarse antes de tiempo, perdiendo elasticidad y capacidad de absorción.
Un disco calcificado puede romperse durante un movimiento cotidiano que otro perro ni notaría, y muchas veces no hay un salto ni un golpe detrás que lo explique.
Estudios histológicos muestran evidencias de mineralización en el 46-48% de los discos intervertebrales del teckel. La vulnerabilidad viene con la estructura, no con la mala suerte.
La estadística que hay que tener presente: se estima que entre el 19 y el 24 % de los teckels tendrá signos de IVDD a lo largo de su vida (cifra recogida en Packer et al., 2016). En el estudio DachsLife 2015, con más de 2.000 teckels, el 15,7 % ya había tenido una hernia diagnosticada cuando sus dueños respondieron la encuesta.
Uno de cada seis o siete, y la vida de muchos aún no había terminado. El riesgo del teckel es entre 10 y 12 veces mayor que el del perro promedio.
Hansen tipo I y tipo II: dos maneras distintas de que algo falle
Hay dos tipos principales de hernia en el teckel, y conocerlos no es trivia veterinaria: cambia cómo interpretas los síntomas y cuánta urgencia tienen.
La Hansen tipo I es la más común en razas condrodistróficas y la más frecuente en teckels jóvenes y de mediana edad. El núcleo del disco, calcificado y frágil, se rompe de forma brusca y el material herniado comprime la médula espinal.
La aparición es repentina —el perro puede estar perfectamente un momento y mostrar síntomas graves al siguiente— y la gravedad varía desde el dolor localizado hasta la parálisis completa dependiendo de cuánto material ha salido y dónde ha impactado.
La Hansen tipo II es más propia de perros mayores y de aparición más gradual: el disco se degenera y protruye lentamente, comprimiendo la médula de forma progresiva. Los síntomas son más graduales pero no menos serios si no se tratan.
La diferencia práctica: la tipo I puede ser una emergencia que requiere actuar en horas. La tipo II da algo más de margen, aunque «algo más de margen» no significa que puedas esperar semanas.
El estudio DachsLife también encontró diferencias entre variedades de la raza: la mayor prevalencia se da en el teckel estándar de pelo corto (24,4%) y la menor en el estándar de pelo duro (7,1%).
Si tienes un teckel estándar de pelo duro —como Trufa— el riesgo es estadísticamente menor (en el miniatura de pelo duro sube al 17,7 %), aunque «menor» no quiere decir «nulo»: también en esta variedad hay hernias, y la espalda se cuida igual.
Hernia discal en el teckel: las señales que no puedes ignorar
El problema con la IVDD es que sus síntomas iniciales son fáciles de atribuir a otras causas o, peor, al dramatismo habitual del teckel. Un teckel que dramatiza cualquier pequeña molestia te ha entrenado para calibrar mal lo que es real. Eso puede costarte caro con la espalda.
La resistencia a moverse es una de las primeras señales. Un teckel que normalmente vendría corriendo a buscarte y de repente se queda quieto, que no quiere subir a donde siempre sube, que camina despacio y con cuidado cuando normalmente va a toda velocidad, está diciéndote algo.
No siempre es la espalda (puede ser una pata o las almohadillas), pero merece atención ese mismo día para descartarla.
La queja al ser cogido o manipulado es otra señal clara. Si tu teckel se queja cuando le tocas en la zona lumbar o cervical, o cuando le levantas de una forma que antes no le molestaba, hay dolor en algún lugar de la columna que requiere evaluación veterinaria ese mismo día. No al día siguiente. Ese mismo día.
La postura arqueada es característica: el perro camina con la espalda encorvada hacia arriba o el cuello rígido, intentando minimizar la presión sobre la zona afectada. A veces va acompañada de temblores musculares.
Aviso
Y luego están las señales que son emergencias sin ningún margen para la duda: arrastrar las patas traseras, pérdida de coordinación al caminar, incapacidad de sostenerse, incontinencia urinaria o fecal. Cualquiera de estas señales significa ir a urgencias veterinarias en el mismo momento en que las observas. No cuando puedas pedir cita. No al día siguiente. Ahora.
En los casos de compresión medular aguda, el cuadro puede empeorar en cuestión de horas, y desde casa no hay forma de saber hasta dónde. Llegar pronto da más opciones: el veterinario valora la gravedad a tiempo y, si hace falta, opera antes de que el daño avance.
Guarda el número de una clínica con atención de urgencias en el teléfono antes de que lo necesites, no cuando ya lo estás necesitando.
Prevención: lo que depende de ti y lo que no
No puedes cambiar la genética de tu teckel. No puedes cambiar que sus discos tiendan a calcificarse antes que los de la mayoría de los perros. Lo que sí puedes hacer es reducir los factores de riesgo modificables, que son reales y tienen impacto real.
El peso es el primero que está en tu mano. Cada kilo de más que lleva un teckel es carga extra sobre los discos en cada movimiento que hace.
Subir un peldaño. Saltar desde el sofá. Correr por el parque. Todos esos movimientos aplican presión sobre los discos, y esa presión es mayor cuanto más pesa el perro.
Dos kilos de sobrepeso en un teckel se los cargan los discos en cada movimiento, aunque desde fuera solo se vea un perro más redondito. En un estudio de un hospital veterinario británico, el sobrepeso se asoció con más riesgo de hernia discal, y en el teckel miniatura bastaba con un sobrepeso moderado (Packer et al., 2013). El peso del teckel es un asunto médico antes que estético.
Tengo una vecina de parque que tiene una teckel de pelo duro prácticamente idéntica a Trufa: mismo tamaño, misma edad, mismo color. Cuando la gente las ve juntas señala a la otra y dice «esta es la Trufa buena», porque es más tranquila y más dócil. La otra diferencia entre las dos, además del temperamento, es el peso. La amiga de Trufa está más redondita.
La razón, según me cuenta su dueño con resignación, es la suegra, que durante el día le da todo lo que la perra pide. La perra pide, la suegra da. Todos contentos en el corto plazo. La espalda de la perra suma todo eso en el largo plazo.
Las rampas o escalones para el sofá y la cama son la segunda medida más directa. Se recomiendan por prudencia, para que no baje de un salto varias veces al día durante años.
Eso sí, nadie ha demostrado que saltar cause hernias: en DachsLife, a los teckels a los que no se dejaba saltar les fue bastante peor (26,7 % con hernia frente al 10,4 %), aunque probablemente porque la prohibición llegaba después de un primer susto. Una rampa con superficie antideslizante cuesta mucho menos que la factura veterinaria que puede ayudar a evitar.
Después de un episodio, ahorrarle saltos importa todavía más: qué pendiente y qué superficie buscar en una rampa.
El ejercicio regular tiene un efecto protector que a veces sorprende. El estudio DachsLife encontró que los teckels que hacían más de una hora de ejercicio diario tenían menos probabilidad de desarrollar IVDD que los que hacían menos de treinta minutos.
La musculatura que rodea la columna la estabiliza y la protege. Un teckel sedentario con sobrepeso tiene la peor combinación posible. Uno activo y en su peso, la mejor dentro de lo que su genética permite.
Sobre las escaleras: la recomendación habitual de evitarlas no está tan respaldada por los datos como parece. Un estudio estadounidense con más de 43.000 perros (Wee y Nin, 2025) encontró que los que usaban escaleras regularmente en casa tenían menor riesgo de IVDD que los que no las usaban.
La hipótesis es que el uso controlado y habitual fortalece la musculatura de soporte. Lo que sí hay que evitar es el uso repetido a velocidad y en momentos de excitación. La escalera bajada corriendo tres veces seguidas en un momento de entusiasmo es distinta a la escalera subida con calma una vez al día.
El arnés en lugar de collar protege el cuello y evita presiones directas sobre la columna cervical en los tirones del paseo. Collar solo para la chapa; para el paseo, arnés en Y. Por qué importa tanto está en arnés o collar para un teckel.
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Tratamiento: de cuatro semanas de reposo a la cirugía
A pesar de toda la prevención, la IVDD puede ocurrir. La probabilidad, entre el 19 y el 24 % a lo largo de su vida, no desaparece porque hagas todo bien. Saber qué pasa si ocurre es tan importante como saber cómo prevenirla.
El tratamiento depende de la gravedad. Los casos leves —dolor sin déficit neurológico, el perro siente dolor pero se mueve con normalidad— se tratan con reposo estricto durante cuatro a seis semanas, antiinflamatorios y analgésicos, y en algunos casos fisioterapia.
Reposo estricto significa exactamente lo que parece: sin paseos más allá de lo estrictamente necesario para hacer sus necesidades, sin escaleras, sin sofá, sin actividad que no sea caminar lentamente de un punto a otro.
Para un teckel con energía de husky siberiano, cuatro semanas de reposo estricto son un ejercicio de resignación colectiva para todo el que convive con él. Pero funcionan.
Los casos moderados y graves —déficit neurológico, dificultad para moverse, parálisis parcial o total— pueden requerir cirugía. La intervención más habitual es la hemilaminectomía: se retira parte del hueso vertebral para aliviar la presión sobre la médula y extraer el material discal herniado.
Los resultados de la cirugía suelen ser buenos, y lo que más pesa es la gravedad de la lesión, sobre todo si el perro conserva la sensibilidad al dolor profundo.
Operar pronto da margen, pero no hay una hora mágica: hay perros que vuelven a andar operados después de más de una semana de parálisis (Olby et al., 2022). Aquí vuelve a aparecer la urgencia de actuar rápido, y también la de no rendirse antes de tiempo.
La fisioterapia veterinaria —hidroterapia, electroestimulación, masaje terapéutico, ejercicios de rehabilitación— forma parte del tratamiento tanto en los casos conservadores como en los postquirúrgicos.
Los resultados de la rehabilitación bien hecha son notables: perros que han perdido movilidad en las patas traseras pueden recuperarla total o parcialmente con un protocolo constante. No siempre, no todos, no al cien por cien. Pero suficientes para que la fisioterapia no sea un lujo sino parte del tratamiento estándar.
Si tu teckel ha pasado por un episodio de IVDD, aprender a reconocer las señales de dolor antes de que escalen es la habilidad más útil que puedes desarrollar para el futuro.
El dinero: tenerlo pensado antes de necesitarlo
El coste de la cirugía de IVDD en España puede estar entre dos mil y cinco mil euros, dependiendo de la clínica y la complejidad del caso. La hospitalización de urgencias puede superar fácilmente los mil.
No lo digo para asustarte sino porque es exactamente el tipo de información que conviene tener en la cabeza cuando todavía tienes tiempo de hacer algo al respecto.
Hay dos estrategias. La primera es un seguro de salud para mascotas: existen, cubren enfermedades como la IVDD en la mayoría de sus modalidades, y en el teckel específicamente tienen más sentido que en muchas otras razas por el perfil de riesgo que ya conoces.
Antes de contratar, revisa:
- qué cubre exactamente
- los períodos de carencia
- los límites anuales de reembolso
- qué pasa si tu perro desarrolla una enfermedad crónica: si sigue cubierta en renovaciones posteriores o queda excluida como preexistente
La segunda es un fondo de ahorro propio con etiqueta específica. Yo no tengo seguro para Trufa: guardo una parte del presupuesto mensual en una hucha aparte del banco, con su nombre, y solo la toco para el veterinario.
La ventaja es flexibilidad total, sin red de clínicas ni períodos de carencia. La desventaja es que requiere disciplina y que ante un gasto muy elevado puede no ser suficiente si el fondo lleva poco tiempo construyéndose.
La recomendación antes de adoptar cualquier teckel: tener disponible un mínimo de dos mil euros. La idea, aunque no llegues a gastarlo, es que una emergencia no te obligue a tomar decisiones condicionadas por lo que tienes en la cuenta en ese momento.
La IVDD no es el final del mundo. Hay teckels que pasan por episodios graves, se recuperan, y viven años con buena calidad de vida.
Hay teckels que llegan a los quince años sin haberla desarrollado nunca. Lo que no hay es garantías en ninguna dirección. Lo que sí hay es información, y la información es lo único que está completamente en tu mano desde el primer día.
Fuentes consultadas
Packer, R. M. A., Hendricks, A., Volk, H. A., Shihab, N. K. y Burn, C. C. (2013). «How long and low can you go? Effect of conformation on the risk of thoracolumbar intervertebral disc extrusion in domestic dogs». PLOS ONE, 8(7):e69650. doi:10.1371/journal.pone.0069650
Packer, R. M. A., Seath, I. J., O’Neill, D. G., De Decker, S. y Volk, H. A. (2016). «DachsLife 2015: an investigation of lifestyle associations with the risk of intervertebral disc disease in Dachshunds». Canine Genetics and Epidemiology, 3:8. doi:10.1186/s40575-016-0039-8
Wee, C. y Nin, D. Z. (2025). «Demographic and lifestyle characteristics impact lifetime prevalence of owner-reported intervertebral disc disease: 43,517 companion dogs in the United States». Journal of the American Veterinary Medical Association. doi:10.2460/javma.24.08.0553
Olby, N. J., Moore, S. A., Brisson, B., Fenn, J., Flegel, T., Kortz, G., Lewis, M. y Tipold, A. (2022). «ACVIM consensus statement on diagnosis and management of acute canine thoracolumbar intervertebral disc extrusion». Journal of Veterinary Internal Medicine, 36(5), 1570-1596. doi:10.1111/jvim.16480
