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Historia del teckel: una leyenda con patas cortas y carácter gigante

Grabado antiguo de un teckel junto a piezas de caza y una escopeta

Hoy ves a ese teckel con su abrigo de cuadros, mirándote como si el raro del parque fueras tú. Lo que no cuenta (lo disimula como buen actor de telenovela canina) es que sus antepasados no jugaban a buscar pelotas: se metían bajo tierra a pelear con tejones que, si los ves, te cambias de acera.

Resumen

  • La historia del teckel empieza bajo tierra: nariz de sabueso, patas cortas para cavar y un carácter que no se retira ante un tejón.
  • En 1879 y 1888 llegan el primer estándar y el primer club de la raza en Alemania; la reina Victoria lo puso de moda en media Europa.
  • En las dos guerras mundiales, en Reino Unido y Estados Unidos pasó a ser «el perro del enemigo», y sobrevivió gracias a criadores discretos.
  • En Múnich 1972, Waldi, un teckel, fue la primera mascota oficial de unos Juegos Olímpicos de verano.

¿Prisa? Las fechas clave:

1719 El manual de caza Der vollkommene Teutsche Jäger ya describe a estos perros bajos de madriguera.
1840 La reina Victoria graba a Waldmann, su teckel, y el primer libro genealógico alemán ya inscribe 54.
1879 Primer estándar de la raza en Alemania.
1881 Se funda en Inglaterra el primer club de la raza, antes que el alemán.
1888 Se funda el Deutscher Teckelklub.
1914-1918 Primera Guerra Mundial: el teckel pasa a ser «el perro del enemigo» en Reino Unido y EE. UU.
1957 Lump, el teckel de Picasso, se cuela en su serie sobre Las meninas.
1972 Waldi, un teckel, es la mascota de los Juegos Olímpicos de Múnich.
1978 Se funda el Teckel Club de España.
1995 Primera Wiener Nationals, la carrera de teckels más famosa de Estados Unidos.

Origen del teckel: un perro diseñado para la madriguera

Para entender al teckel hay que viajar a los bosques alemanes del siglo XVI, cuando la caza era símbolo de poder. Hacía falta un perro que no solo se metiera en las madrigueras, sino que saliera vivo de ellas.

El resultado fue un Frankenstein hecho a conciencia: nariz de sabueso, patas cortas para cavar como si la tierra le debiera dinero, orejas que canalizan olores y una cola que, según se cuenta, servía al cazador para sacarlo de la madriguera cuando la cosa se ponía fea.

Nada de eso fue casual: era un perro herramienta, funcional como una navaja suiza, pero con colmillos.

Teckel de pelo duro asomado a un agujero que ha excavado en el bosque
Recreación: un teckel en la boca de una madriguera, el trabajo para el que se crió.

Los primeros registros, en los manuales de caza

En los siglos XVI y XVII, los manuales de caza ya hablaban de estos perros bajos y valientes. Der vollkommene Teutsche Jäger (1719) los describía como la peor pesadilla de un tejón, y aunque todavía no se llamaban «teckel», los grabados muestran esa silueta inconfundible.

En aquella época daba igual que el perro fuera mono. Si no aguantaba horas ladrando dentro de un agujero para señalar la presa, no se usaba para criar: la selección era por funcionalidad.

El tejón, su verdadero entrenador

Quien moldeó de verdad al teckel fue el tejón europeo, un animal con uñas de excavador y muy mal genio al que no se cazaba al aire libre: había que entrar en su casa, con todo en contra.

Muchos perros no salían, y los que sí dejaban su descendencia en lo que hoy acaricias cada tarde.

Tejón europeo de pelaje rojizo buscando comida entre la hierba de un páramo
El rival que diseñó al teckel: el tejón europeo, excavador con uñas largas y muy mal genio. Foto: caroline legg / Wikimedia Commons, CC BY 2.0

El carácter que hoy te desespera porque no obedece era en el siglo XVII lo que le salvaba la vida. Para el cazador, un buen perro de madriguera era el que no soltaba la presa, pasara lo que pasara bajo tierra.

Cómo se nota hoy esa herencia lo tienes en el carácter del teckel.

De campesino y de noble

Hacia finales del XVIII el teckel ya era habitual en las cacerías, aunque todavía sin estándares ni exposiciones. Se dice que en Baviera era perro de campesino, rudo y eficaz, y en Prusia, símbolo de caza elegante.

Esa doble vida, de currante rural y de noble refinado, le acompaña hasta hoy.

Fotografía antigua de un teckel de pelo corto de perfil sobre una mesa
Retrato de estudio de un teckel, hacia 1905 (Rijksmuseum). Imagen: Rijksmuseum / Wikimedia Commons, CC0

El siglo XIX: del barro a la exposición

En pleno siglo XIX, Europa decidió ponerle etiquetas a todo, perros incluidos. Al viejo gladiador de madriguera lo sacaron del agujero, lo peinaron y lo llevaron a una exposición. Y para hacerse famoso fuera de Alemania contó con una ayuda de lujo: una reina.

¿Teckel de caza o de exposición?

En Alemania, los criadores dudaban entre un teckel bajo y compacto para tejones o uno más largo y sabuesero para rastrear ciervos y jabalíes. Optaron por estandarizar y dividir en variedades.

En 1879 se redactó el primer estándar de la raza y en 1888 se fundó el Deutscher Teckelklub. A partir de ahí el teckel se criaba también por estética y linaje, no solo por utilidad.

Los papeles llegaron antes que los clubes. El primer libro genealógico alemán para todas las razas, el Deutscher Hunde-Stammbuch de 1840, ya inscribía 54 teckels. Y los ingleses, que lo adoptaron con fervor de converso, fundaron su club de la raza en 1881, siete años antes de que los alemanes tuvieran el suyo.

La división en variedades acabó escrita hasta en el número de registro. Desde 1915, los criadores alemanes añadían una letra según el pelo: K de kurzhaar (corto), R de rauhhaar (duro) y L de langhaar (largo), más una Z de zwerg, «enano», para los miniatura. Cómo es cada uno lo tienes en los tres tipos de pelo del teckel.

Recreación en sepia de varios teckels en el patio empedrado de una casa antigua
Recreación de un patio de criador a finales del siglo XIX, cuando el teckel empezó a criarse también para las exposiciones.

Una reina con teckels en palacio

La reina Victoria, casada con un alemán, el príncipe Alberto, se enamoró de la raza: los tuvo, los crió y los paseaba por palacio.

Lo suyo venía de lejos. En septiembre de 1840, meses después de la boda, la propia reina grabó al aguafuerte a Waldmann, su teckel, junto a Eos, la galga que Alberto se había traído de Coburgo; la plancha se conserva en la Royal Collection.

En 1845 llegó Deckel, también de Coburgo, que vivió quince años y tiene en Windsor un monumento de casi dos metros con una inscripción que lo llama «el fiel teckel alemán de la reina Victoria».

Óleo de 1849 de un teckel marrón de pelo corto de perfil ante una puerta blanca
Deckel, uno de los teckels de la reina Victoria, pintado por Edwin Landseer en 1849 (Royal Collection). Imagen: Edwin Landseer / Royal Collection, vía Wikimedia Commons, Dominio público

Y cuando la reina tiene uno, la nobleza entera quiere dos. El teckel pasó a posar en retratos reales y se convirtió en símbolo de clase y de vínculo cultural con Alemania (en aquel momento todavía eran amigos). Inglaterra, Francia, Italia y Rusia querían el suyo.

Mientras los alemanes seguían criándolo para el trabajo, los británicos empezaron a seleccionarlo para la vida doméstica: más dulce, más de sofá.

Nace la competición: el teckel llega a las exposiciones

A medida que avanzaba el siglo, las exposiciones caninas se convirtieron en el nuevo coliseo, sin sangre. El teckel pasó de héroe regional a estrella con versiones de tamaño y pelo.

Un perro, dos identidades

Alemania lo mantenía como perro de caza e Inglaterra lo exhibía como joya real, y esa doble identidad le ayudó a sobrevivir a lo que vino después.

Un manual inglés de 1879 ya retrataba las dos caras con bastante puntería: un perro testarudo, imposible de obligar y muy sensible al castigo, al que una sola paliza podía volver miedoso de por vida; bien tratado, fiel y «un humorista» entre los perros. Añadía que les tenía manía a los perros grandes y que, con la sangre caliente, le daban igual los golpes y las heridas.

Casi siglo y medio después, cualquiera que pasee un teckel por un parque firmaría la descripción.

Las guerras: de mascota real a perro del enemigo

En el siglo XX, el perro que había sido estrella de palacios pasó a ser un símbolo del enemigo. Su único delito era tener pasaporte alemán.

1914: viñetas, insultos y un nombre nuevo

En 1914, la prensa británica y estadounidense buscó culpables con forma de caricatura, y el dachshund, con su nombre germano y su relación con la aristocracia, encajaba a la perfección.

Aparecieron viñetas con el perro como lacayo del káiser, con casco puntiagudo y bigote, y se contó que hubo teckels apedreados por la calle, aunque esos relatos son difíciles de documentar. Lo que sí circuló fue el chiste macabro de que acababan dentro de las salchichas alemanas.

Tampoco ayudaba quién era su fan más famoso. Guillermo II, el káiser, cazador empedernido, tenía debilidad por los teckels: a Erdmann, su favorito, le puso lápida propia en el parque de Wilhelmshöhe, en Kassel, cuando murió en 1901. Con el emperador alemán rodeado de teckels, los caricaturistas no tuvieron que esforzarse mucho.

Postal de 1915 con un teckel con casco alemán entre perros de otras naciones
Postal satírica de 1915: el teckel como símbolo de Alemania. Imagen: Wallace Robinson / Wikimedia Commons, Dominio público

En Estados Unidos, en 1918, entre las propuestas para limpiar el idioma de palabras alemanas estaba llamarlo liberty pup o liberty hound, igual que el chucrut pasó a llamarse liberty cabbage. Funcionó a medias: muchos siguieron desconfiando, pero la raza no pagó del todo los platos rotos.

Los números cuentan el resto. El American Kennel Club, que había inscrito su primer teckel en 1885, lo registró como badger dog («perro tejonero», la traducción literal) entre 1919 y 1923, y aun así la raza se hundió: en 1923 solo se inscribieron 23 ejemplares. La remontada fue rápida, porque en 1930 ya era la 28.ª raza más popular del país y en 1940, la sexta.

La Segunda Guerra y los criadores que no se rindieron

En la Alemania nazi, el teckel se presentó como símbolo de valor germano en miniatura, y circularon rumores de todo tipo: que «hablaban» gracias a experimentos secretos o que servían como mensajeros en túneles y detectores de minas. Hubo mucho de propaganda.

Lo de los teckels que «hablaban» tiene, eso sí, un origen documentado, y es más raro que cualquier experimento secreto. En Weimar, la baronesa Mathilde von Freytag-Loringhoven, pintora y aficionada a la psicología animal, aseguraba que Kurwenal, su teckel de pelo corto, contestaba preguntas con ladridos que ella traducía en letras.

En 1938, la revista Time lo presentó como quizá el perro más notable de Occidente. Nadie ha demostrado que deletreara nada, pero el mito de los teckels parlantes ya tenía protagonista.

En los países aliados, mientras tanto, tener un dachshund estaba mal visto. Algunos criadores, por amor a la raza, siguieron criando con discreción y aguantaron insultos. Gracias a ellos el teckel no desapareció, y cuando terminó la guerra volvió a concursos, hogares y tiras cómicas.

Teckel de pelo corto escondido debajo de una mesa con mantel
Recreación: un teckel en una casa durante los años de la guerra.

El renacimiento en Estados Unidos

Irónicamente, la gran vuelta llegó en Estados Unidos, lejos de los escombros europeos. Su cuerpo improbable, su mirada intensa y su forma de caminar como si fuera el dueño del barrio hicieron el resto.

Pasó de traidor a protagonista de cómics, de carreras de wiener dogs y de concursos de obediencia en los que, por cierto, suele hacer lo que le da la gana.

Cromo ilustrado de 1890 con un teckel negro y fuego de pie
Cromo de la serie Dogs of the World, 1890. Imagen: Goodwin & Company / Wikimedia Commons, CC0

Musa, logotipo y mascota olímpica

Un perro con pinta de chorizo con patas ha acabado en exposiciones de arte, anuncios y desfiles olímpicos.

Picasso y Lump, Warhol y Archie

Pablo Picasso convivió con un teckel llamado Lump (en alemán, algo así como «pillo» o «trasto»), que aparece en sus obras y en sus reinterpretaciones de clásicos.

Lump era en realidad del fotógrafo David Douglas Duncan, que lo llevó de visita a la casa de Picasso en Cannes en abril de 1957. El perro decidió que se quedaba, y se quedó seis años.

Ese verano, Picasso empezó su serie sobre Las meninas de Velázquez y cambió el mastín del cuadro por Lump, que sale en 15 de los 44 estudios. El pintor donó la serie entera a Barcelona en 1968, así que el teckel más famoso de la pintura se conserva en el Museu Picasso.

Décadas más tarde, Andy Warhol tuvo a Archie, que le seguía a todas partes: lo llevaba a las entrevistas y le pasaba las preguntas que no quería contestar. Unos años después le buscó compañía: Amos, otro teckel.

Hockney, E. B. White y Hearst: más allá del lienzo

David Hockney también fue de los artistas rendidos al teckel, que es visualmente irresistible: largo, bajito y con orejas como cortinas.

Hockney pintó durante años a Stanley y Boodgie, sus dos teckels, dormidos sobre cojines y alfombras de su casa de Los Ángeles. Empezó en 1993, montando caballetes por toda la casa para pillarlos antes de que cambiaran de postura, y en 1995 colgó 45 de esos cuadros en Salts Mill, en Yorkshire.

Fuera de la pintura, la lista sigue. El escritor E. B. White, el de Stuart Little, convirtió a Fred, su teckel, en personaje fijo de sus columnas y cartas, casi siempre como un viejo granuja con muy poca dignidad. Y el magnate William Randolph Hearst hizo instalar una escalerilla diminuta en la piscina de su mansión de San Simeon, en California, por si Helen, su teckel, se caía al agua.

Waldi, Múnich 1972

En 1972, Alemania eligió como mascota olímpica a un teckel: un perro de patas cortas para representar velocidad y competitividad. Lo llamaron Waldi, lo pintaron de colores (guiño a una Alemania que quería limpiar su imagen) y el recorrido del maratón se diseñó con su silueta.

Waldi fue la primera mascota oficial de unos Juegos de verano, y desde entonces ningún evento se concibe sin una figura de ojos grandes y mucho merchandising.

Fotografía en blanco y negro de 1972 de un hombre trajeado sonriendo detrás de una figura de madera de Waldi, el teckel de rayas de colores
Waldi en versión juguete de madera, en Kiel, enero de 1972: la mascota olímpica ya estaba en todas las mesas. Foto: Friedrich Magnussen / Stadtarchiv Kiel, Wikimedia Commons, CC BY-SA 3.0 de

Publicidad, cuentos e Instagram

Desde los años 80, la publicidad lo ha usado para vender cerveza, coches y perfumes, casi siempre en situaciones absurdas: demasiado largo para el sofá, enredado en papel higiénico o disfrazado de perrito caliente.

Disney lo metió en cortos animados, la literatura infantil lo hizo héroe y las redes sociales lo han convertido en fenómeno, con cuentas de miles de seguidores, calendarios, pegatinas, cojines y pijamas.

Vende porque conecta: es torpe, cabezón, testarudo y valiente, el que no tiene cuerpo de atleta pero corre como si lo tuviera.

El teckel hoy, en el mundo y en España

Después de sobrevivir a tejones, reinas y guerras, el teckel se hizo fuerte en Europa (bohemio en Francia, tradicional en Austria, aristocrático en Rusia) y en Estados Unidos se convirtió en celebridad, con carreras de wiener dogs en estadios y gente disfrazada de perrito caliente. Sigue siendo una de las razas más registradas en muchos países.

Carreras de salchichas, y van en serio

Las carreras de teckels empezaron en Australia en los años setenta y se han extendido por medio mundo. La más famosa de Estados Unidos, la Wienerschnitzel Wiener Nationals, nació en 1995 en el hipódromo de Los Alamitos, en el sur de California, para buscar al «teckel más rápido del Oeste». La patrocina una cadena de perritos calientes, faltaría más.

Gustó tanto que se convirtió en cita anual, con eliminatorias en otras ciudades, y algunos ganadores acabaron en The Tonight Show y en la revista People. En los vídeos se ve la otra cara del deporte: siempre hay algún participante que se para a olfatear a mitad de pista, porque la gloria puede esperar y el rastro no.

España, de rareza a estrella de parque

La Real Sociedad Canina de España, que lleva el Libro de Orígenes Español, se fundó en 1911. Los primeros teckels inscritos en ese libro son de 1912. Durante décadas fue perro de cazadores y de unas pocas casas; hoy lo tiene tu vecino del cuarto.

El Teckel Club de España se fundó en 1978 y, desde entonces, la raza no ha dejado de crecer.

Hoy está en el podio: en 2024 fue la tercera raza con más inscripciones en la Real Sociedad Canina, con 2.967 ejemplares, solo por detrás del setter inglés y el caniche.

En los últimos veinte años ha pasado de rareza a estrella de parque, de terrazas y de metro. Lo más característico del teckel español son las quedadas multitudinarias de perros salchicha.

En Sevilla, por ejemplo, el barrio de Los Bermejales celebró en mayo de 2026 su segunda Salchiquedada, con premios por categorías y un perrito caliente gratis para cada asistente que llegara con su teckel. El sentido del humor de los organizadores no necesita explicación.

Caza con teckel: el que todavía trabaja

Aunque la mayoría vive hoy de pienso y caricias, algunos siguen trabajando:

  • Caza: en Alemania y Austria participan en pruebas de madriguera artificial.
  • Rastro de sangre: buscan piezas heridas y tienen pruebas propias en la FCI.
  • Terapia: ayudan en hospitales y residencias.

En España, el Teckel Club de España organiza pruebas de campo por todo el país (en 2026, por ejemplo, en Isona, en Lleida, y en Villalba de los Alcores, en Valladolid), y la FCI tiene una prueba internacional de trabajo completa reservada a los teckels. El perro de sofá sigue teniendo el título de caza en regla.

Por qué la historia del teckel explica al tuyo

Fue herramienta de campesino y tesoro de reinas, símbolo de guerra y mascota de paz. Sobrevivió a cambios de nombre, campañas de odio y peluqueros que no lo entendieron, y sigue aquí con el mismo carácter de su primera madriguera.

Teckel de pelo largo chocolate tumbado en un sofá claro del salón
El cazador de tejones, hoy: un sofá y un grabado de caza en la pared.

El carácter que hoy te desespera porque no obedece era en el siglo XVII lo que le salvaba la vida.

Eso que hace en casa tiene siglos de historia detrás: lo cuentan su carácter, cómo está hecho su cuerpo y sus variedades.

Fuentes consultadas

Deutscher Teckelklub 1888 e.V. (2020). Prüfungsordnung, edición 2020, vigente desde el 01/01/2020. teckelklub.de
Teckel Club de España. Página oficial, consultada el 15/10/2026. teckelclub.es
Hockney, D. (1998). David Hockney’s Dog Days.
Dehasse, J. (2011). Le teckel. La Griffe, colección «Mon chien de compagnie».
Gómez-Toldrà, S. (2001). El nuevo libro de los teckel. Tikal Ediciones.
Nappe, S. (2007). Teckel. Una introducción completa para el propietario. Hispano Europea.
Richie, V. (2020). The Complete Guide to Dachshunds. LP Media.
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Fédération Cynologique Internationale (2025). Internationale Vollgebrauchsprüfung (InterVGP) für Dachshunde, vigente desde el 01/01/2025. fci.be
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El Paso Museum of History. «Wienerschnitzel Wiener Nationals», colección digital DIGIE. digie.org
El Observador España (23/07/2025). «Los españoles prefieren los perros pequeños como mascotas…», con datos del LOE/RRC de la Real Sociedad Canina de España. elobservador.com.uy
Planomato. «II Salchiquedada en Los Bermejales», Sevilla, 10/05/2026. planomato.com